¿Ha Nacido el Mesías?
- Manuel Boglio
- 25 dic 2025
- 17 Min. de lectura

Introducción
Recientemente, tuve una conversación con una estudiante, la cual me confesó que, inicialmente, a ella le molestaba mi clase. “Es que mister siempre se va por lo intelectual,” me explicó, “y eso no es lo que yo busco.” El punto de la conversación fue para decirme que, aunque esa era su perspectiva inicial, había cambiado de opinión. “Me di cuenta de que de verdad sabes de lo que hablas, así que gracias.”
La queja inicial de esta estudiante no es nueva. Es algo que llevo años escuchando. Muchas personas entran a mis clases pensando que será otra clase bíblica más. De hecho, a principio del año pasado le pregunté a mis estudiantes lo que quisieran de mi clase (sin conocerme, y sin saber qué tipo de clases yo les ofrecería), y la respuesta principal fue, “No queremos que sean devocionales. Para eso tenemos las capillas y los cultos los domingos.” Y, esto es lo que trato de explicarle a todos mis estudiantes, año tras año: La razón por la cual mis clases enfatizan lo intelectual es precisamente porque yo sé que el aspecto espiritual y emocional lo reciben en abundancia en sus respectivas iglesias. Pero, la iglesia es un Cuerpo, y como Cuerpo cada miembro tiene algo distinto para ofrecer. Y, en esta diversidad, existen diferentes llamados, dones, talentos, y necesidades.
Pablo lo dice de esta manera: “Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?...Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (1 Corintios 12:17, 22). En fin, yo tengo un llamado a educar, pero si enseño lo mismo que otros enseñan, ¿qué estoy aportando al Cuerpo de Cristo? Por tal razón Dios me ha llamado al ministerio de la apologética. Esto no es un ministerio más importante que otros, y no lo hago porque soy especial o más inteligente que nadie. No lo soy. Somos un Cuerpo, y por lo tanto he entendido que juntos trabajamos para la edificación de la iglesia.
Con eso en mente, mientras celebramos la Navidad, yo sé que ya la gran mayoría de las iglesias están predicando sobre las razones para celebrar. ¡Ha nacido nuestro Salvador! Jesús, el Hijo de Dios, quien eventualmente moriría por nuestros pecados, ofreciéndonos la vida eterna. En esta época celebramos el nacimiento que cambió al mundo por siempre, y que a la vez representa la esperanza de todo aquel que ha puesto su fe en Él. Este tiempo representa la fidelidad de Dios ya que, a través de Su nacimiento, se cumplen las promesas que nos había hecho y repetido por miles de años. ¿Cómo no celebrar este gran evento?
Sin embargo, mi énfasis es otro. Mientras celebramos el nacimiento de nuestro Salvador, creo que una buena pregunta que nos podríamos hacer es, ¿Realmente ha nacido nuestro Salvador?
¿Es el cristianismo otra religión más? ¿Está nuestra fe centrada en un mito, una fantasía, o una mentira? ¿Existen razones para creer que, más allá de una historia bonita, estamos celebrando un evento histórico? Una de las cosas que distingue al cristianismo de otras religiones es que el cristianismo es una religión histórica. Es decir, la verdad del cristianismo depende de la verdad histórica de ciertos eventos. Y, uno de esos eventos es el nacimiento de Jesús. No basta con simplemente decir que ocurrió. No es suficiente decir que es solo una historia con un gran mensaje. Para que el cristianismo sea verdad, y que nuestra esperanza sea genuina, Jesús tiene que haber existido, realmente. ¿Qué razones tenemos, entonces, para creer en esta historia?
Aclaro que no es que el cristiano necesita evidencia. Nosotros creemos por fe. Pero, la evidencia ayuda a fortalecer esa fe, y nos permite evangelizar a un mundo que cada día se vuelve más y más intelectual. Con eso en mente, quisiera ofrecerles algunas razones para creer que Jesús realmente nació y existió hace alrededor de 2,000 años atrás.
Razón #1: La Confiabilidad de los Evangelios
Aunque existen múltiples fuentes independientes que nos hablan sobre Jesús (Razón #2), nuestra fuente principal es la Biblia, específicamente el Nuevo Testamento, y para ser aún más específico, los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, y Juan). Cada uno de estos escritos nos ofrece detalles adicionales sobre este tal Jesús, y aunque difieren en algunos aspectos (diferir no es lo mismo que contradecir), todos coinciden en que un tal Jesús de Nazaret, conocido como el Cristo, nació, vivió, murió y resucitó. Pero ¿cuán confiables son estas fuentes?
Para contestar esa pregunta, necesitamos hacernos otra pregunta: ¿Qué criterios los expertos (historiadores, por ejemplo) utilizan para determinar la verdad o confiablidad de algún documento? Si lo que queremos es determinar si los Evangelios son confiables, o no, no podemos crear nuestros propios criterios. Lo correcto en este caso sería utilizar los mismos criterios que los expertos utilizan para determinar la confiabilidad de otros documentos, y aplicarlos a la Biblia. Y, cuando hacemos esto, los resultados son asombrosos.
Existen 3 criterios principales que los expertos utilizan para determinar la confiabilidad de algún documento; los presentaré en forma de preguntas. Primero, ¿Proviene de fuentes confiables? Segundo, ¿El documento ha sido transmitido correctamente? Y, tercero, ¿Existe evidencia externa de lo que alega dicho documento? Si la respuesta a estas preguntas es, sí, el documento se considera confiable. Vamos una por una.
A. ¿Proviene de fuentes confiables??
Los evangelios fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas, y Juan. Contrario a lo que muchos piensan, estos nombres no fueron inventados de la nada. La evidencia interna (estilo, lenguaje, fecha, información) y externa (otros escritos, tradición) confirman que realmente ellos fueron los autores. Por ejemplo, sabemos que 3 de los 4 autores eran judíos del primer siglo (Mateo, Marcos, y Juan). Si realmente ellos fueron los autores, existen ciertas características que esperaríamos de sus escritos. Esperaríamos, por ejemplo, que los evangelios fuesen escritos en el primer siglo (ya que este es el tiempo en el cual vivió y murió Jesús), en griego y arameo (ya que estos son los lenguajes que los judíos hablaban en el primer siglo en Roma), y que incluya detalles geográficos y culturales que reflejan el conocimiento de un judío que vivía en Roma durante el primer siglo. Esto es exactamente lo que encontramos en los Evangelios.
Podríamos ser más específicos. Sabemos que Mateo fue un recaudador de impuestos. Si Mateo realmente hubiera sido el autor del evangelio de Mateo, algo que esperaríamos es un énfasis en los números, y eso es exactamente lo que encontramos. Todos los evangelios, por ejemplo, nos mencionan que Judas traicionó a Jesús por dinero, pero solamente Mateo nos dice por cuánto dinero fue (por 30 monedas). Esto es lo que se esperaría de un contable (recaudador de impuestos).
Similarmente, sabemos que Marcos era discípulo de Pedro, y se cree que fue de él que Marcos escribió su evangelio. Si esto fuera cierto, esperaríamos un mayor énfasis en Pedro en este evangelio, y eso es exactamente lo que encontramos. El evangelio de Marcos es el evangelio que más menciona a Pedro de los 4 evangelios, y siempre que lo menciona junto a los demás discípulos, lo menciona primero (le da prioridad).
Existen muchos ejemplos como estos que me tomaría páginas para mencionarlos todos. El punto aquí es que, cuando leemos los evangelios y comenzamos a tomar notas, podemos formar un bosquejo de las características del autor, aunque no conozcamos quién es ese autor. Y, cuando comparamos esas características con las que conocemos sobre Mateo, Marcos, Lucas, y Juan, notamos que son las características precisas que esperaríamos si ellos fueran los autores reales. Esto es un argumento contundente de su autoría.
Además de lo ya mencionado, tenemos la evidencia de los manuscritos (todos los manuscritos antiguos de los evangelios contienen el nombre de su autor en el título), la tradición de la iglesia (la iglesia nunca ha dudado de que ellos fuesen los autores), la ausencia de otras alternativas (si los evangelios fuesen anónimos, esperaríamos evidencia de debate interno sobre su autoría. Sin embargo, tal evidencia no existe. Desde el primer día, la iglesia fue unánime en que Mateo, Marcos, Lucas, y Juan fueron los autores), confirmaciones externas (autores escribiendo desde el segundo siglo en adelante afirman que Mateo, Marcos, Lucas, y Juan fueron los autores), y la improbabilidad de que la iglesia hubiese inventado estos nombres (ya que son nombres contrarios a lo que se esperaría si fueran inventados).
De ser cierto esto, entonces, significa que los evangelios fueron escritos por una combinación de testigos primarios y secundarios. Mateo y Juan eran discípulos de Jesús (testigos primarios), Marcos era discípulo de Pedro (y, por lo tanto, es un testigo secundario, aunque su información proviene de un testigo primario), y Lucas era amigo de Pablo (pero, entrevistó a los testigos para escribir su evangelio). Esto es sin precedente en documentos antiguos. La mayoría de las biografías antiguas que tenemos, hoy día, fueron escritas cientos de años más tarde por personas que no conocieron a la figura central. En el caso de los evangelios, tenemos documento escritos por personas que estuvieron allí y testificaron lo que nos cuentan. La respuesta a la primera pregunta es, entonces, sí.
B. ¿Ha sido transmitido correctamente?
En esencia, lo que queremos saber, aquí, es si el documento que tenemos en nuestras manos, hoy, es lo que se escribió originalmente, o si ha sido cambiado o corrompido con el tiempo. Esto es un tema del cual se han llenado libros. Por lo tanto, el espacio solo me permite ofrecer un resumen. Y, el resumen es este: El Nuevo Testamento es el documento antiguo más atestado y preservado en la historia antigua. Necesito ser enfático en esto: No existe ningún documento de la historia antigua mejor preservado que el Nuevo Testamento.
Primeramente, el Nuevo Testamento cuenta con miles de manuscritos (no existe ningún documento antiguo con tan siquiera 1,000 manuscritos), lo cual nos permite compararlos para determinar si se han cambiado o no. Segundo, la fecha de los manuscritos comienza desde el primer siglo (fragmentos). Esto, también, es sin precedente ya que usualmente los manuscritos que tenemos sobre documentos antiguos fueron escritos cientos o miles de años después de los originales. En el caso del Nuevo Testamento, tenemos fragmentos escritos en el primer siglo, el mismo siglo en el cual los originales se escribieron. Y, tenemos copias enteras escritos en el segundo y tercer siglo. En otras palabras, los manuscritos que tenemos hoy día fueron escritos tan cerca de los originales que, sencillamente, no existe suficiente tiempo para corromperlos.
Tercero, los expertos han dedicado miles y miles de horas a estudiar y comparar todos estos manuscritos para determinar si han sido cambiados o corrompidos, y la conclusión ha sido un “no” enfático. Sí, existen ciertas diferencias (errores gramáticos, por ejemplo), pero no existe ni una sola diferencia que demuestre algún tipo de corrupción. En fin, aún los expertos no-cristianos reconocen que la Biblia que tenemos en nuestras manos, hoy, es casi idéntica a la que se escribió originalmente. No se ha corrompido. La respuesta a la segunda pregunta, entonces, es sí.
C. ¿Existe evidencia externa?
Nuevamente, sobre este tema se han escrito cientos de libros, y cada día se descubre algo nuevo. Pero, en resumen, existe evidencia histórica y arqueológica sobre personas (Herodes, Pilato, los Fariseos, los Saduceos, Augusto César, etc.), lugares (Jerusalén, Galilea, Judea, el estanque de Siloé, el Monte de los Olivos, etc.), y eventos (la destrucción del templo, el censo durante el nacimiento de Jesús, la persecución de los primeros cristianos, la crucifixión, etc.) mencionados en los evangelios, confirmando su historicidad. La respuesta a esta pregunta es un “sí” contundente.
D. Conclusión
Aplicando los mismos criterios que se utilizan para determinar la confiabilidad de cualquier documento antiguo a los evangelios, los expertos (y nosotros) concluyen que los evangelios son confiables. Provienen de fuentes confiables, han sido transmitidos correctamente, y existe evidencia histórica y arqueológica sobre muchas de sus alegaciones.
Siendo los evangelios confiables, entonces, y en la ausencia de evidencia contraria, podemos tomar en cuenta el hecho de que estos documentos nos hablan sobre un tal Jesús de Nazaret. Tomando esto en cuenta, no nos queda de otra que concluir que, cuando nos hablan sobre Jesús, de la misma forma en que nos hablan sobre otras figuras históricas como Pilato y Herodes, los autores nos están hablando sobre una persona real. Esto es una de las razones por la cual podemos confiar en que Jesús realmente existió.
Razón #2: Atestación Múltiple
Alrededor del 95% de los historiadores modernos (muchos de los cuales no son cristianos, y algunos son ateos) afirman que Jesús realmente existió. El historiador famoso Bart Ehrman, por ejemplo (ateo), alguien que ha dedicado un gran parte de su vida a refutar al cristianismo, nos dice que la existencia de Jesús es un hecho histórico. Una de las razones por la cual la mayoría de los historiadores afirman Su existencia es por algo que se conoce como “atestación múltiple.”
La atestación múltiple es uno de los criterios que los historiadores utilizan para determinar la probabilidad de que algún evento en el pasado haya ocurrido. Ofreceré un ejemplo para que sea más fácil de entender. Si yo digo que hoy, 25 de diciembre de 2025, a las 3 de la tarde yo miré al cielo y vi una luz roja, quizás los que me conocen me creerán, pero si soy el único que lo dice, no hay razón para que nadie más me crea. Digamos, sin embargo, que ese mismo día una persona en Caguas (yo vivo en Juana Díaz) dice lo mismo, y que esta persona no me conoce, ni tuvimos contacto antes de contar esta historia. Y, que al mismo tiempo una persona en China dijo lo mismo. Ahora tenemos a 3 personas distintas, en diferentes partes del mundo, todas diciendo lo mismo: 25 de diciembre de 2025 a las 3 de la tarde se vio una luz roja en el cielo.
Si esto ocurriera, ¿cuál sería más probable? ¿Qué múltiples personas que no se conocen ni tuvieron contacto entre sí se inventaron la misma mentira al mismo tiempo? O ¿Qué realmente hubo una luz roja en el cielo ese día a esa hora? Claramente, la segunda es más probable. Si no viste la luz, nunca podrás saber al 100% que realmente ocurrió tal evento. Pero, dado el hecho de que múltiples personas independientes (que no se conocen o hablaron entre sí) están diciendo lo mismo, lo más probable es que realmente ocurrió lo que ellos están alegando (hubo una luz roja ese día). Eso es lo que tenemos con Jesús.
Existen múltiples fuentes independientes, dentro y fuera de la Biblia, que nos hablan sobre este tal Jesús de Nazaret. Por ejemplo, tenemos a Marcos, Juan, Santiago, y Pablo. Lo interesante sobre Marcos y Pablo es que ambos están escribiendo al mismo tiempo (alrededor del año 55 d.C.), pero en lugares geográficos distintos. Ambos son de clases sociales distintas, hablaban lenguajes distintos (ambos hablaban griego, pero el griego de Pablo hubiera sido más formal por su educación), y tenían creencias religiosas distintas (Marcos era un discípulo, mientras que Pablo era un perseguidor de cristianos). Sin embargo, ambos escribiendo al mismo tiempo, separados por todos estos factores, sin contacto entre sí, escribieron sobre este tal Jesús, y lo que uno dice armoniza perfectamente con lo que dice el otro. Esto es demasiada casualidad.
Además de esto, fuera de la Biblia tenemos a historiadores del primer y segundo siglo (Josefo y Tácito) escribiendo sobre Jesús. Lo importante sobre estos historiadores es que están escribiendo cerca de los eventos (Jesús murió en el primer siglo), son dos de los historiadores más confiables de su época, y que ninguno de los dos son cristianos (Tácito era pagano, y Josefo era judío). Ninguno de estos historiadores tenía razón para mentir sobre la existencia de Jesús (ya que no eran creyentes), y todo lo que dicen armoniza perfectamente con lo que los demás autores mencionaron.
Al igual que el ejemplo de la luz roja en el cielo, ¿cuál es más probable en este caso? ¿Qué todos estos autores que no se conocían, de repente decidieron inventarse la misma historia sobre el mismo Jesús al mismo tiempo? O ¿Qué Jesús realmente existió? Claramente, la segunda es más probable. Y, los que he mencionado son solo algunas de las fuentes. Realmente existen más, pero estas son de las más confiables y conocidas. Aplicando el mismo criterio que los historiadores utilizan para determinar la verdad de otros eventos, podemos concluir que la existencia de Jesús es un hecho histórico.
Razón #3: La Osadía de los Autores del Nuevo Testamento
Yo me crie en los estados unidos, pero a los 15 años nos mudamos para Puerto Rico. Siempre recordaré ese primer día. Lo primero que hice al llegar a la casa de mis abuelos (donde vivían otros familiares) fue buscar a mi primo, Richard. Ese verano, él se había fracturado una muñeca y estaba durmiendo cuando yo llegué. Fui y lo desperté, y lo primero que me preguntó fue, ¿Tuviste muchas novias? Mi respuesta fue inmediata: Sí. Ese verano entero la pasé contándole a mi primo todas mis experiencias en los estados unidos, desde la cantidad de amigos que tenía, peleas con gangas, viajes a otros estados, y las muchas novias que tuve. Sin embargo, nada de lo que le estaba contando era verdad.
Con mi primo me encontré con la libertad de contarle básicamente cualquier mentira sobre mi vida en los estados unidos porque sabía que él no tenía ninguna manera de corroborar lo que le estaba contando. Todos los que se criaron conmigo, incluyendo a las personas que incluía en mis historias, estaban en los estados unidos, lejos de nosotros. Así, que, ninguno de ellos me podía desmentir. Usualmente, cuando contamos una mentira, y queremos convencer a otros a creernos, tenemos que asegurarnos que no exista nadie que nos pueda desmentir. Por esta razón es que la creación de los evangelios, de ser falso, no tiene ningún sentido.
Los evangelios nos cuentan una historia sobre un tal Jesús que vivió en Judea en el primer siglo durante la opresión de los judíos por Roma. Nos mencionan nombres de personas (Pilato y Herodes, por ejemplo), y nos especifican lugares, tiempos, y eventos particulares que ocurrieron durante un periodo de 3 años y medio. No solo nos mencionan todo esto, sino que acusan a figuras públicas y conocidas de haber crucificado a Jesús públicamente, o de haberle perseguido o testificado de Sus sermones y milagros. Esto es algo que no solo vemos en los evangelios, sino que lo vemos en el Nuevo Testamento entero.
Pablo, por ejemplo, alega que Jesús fue crucificado, enterrado, y que resucitó al tercer día. Pero, nos dice que se le apareció a Pedro, a los demás apóstoles, incluso que en una ocasión se les apareció a más de 500 hermanos a la vez, “de los cuales muchos viven aún” (1 Corintios 15:3-6). Es importante entender que, cuando estos autores hacen estas alegaciones, lo están haciendo en un tiempo y un lugar en donde las personas podían fácilmente corroborar o refutarles. Por eso Pablo nos dice que “muchos viven aún.” Lo que les está diciendo a su audiencia original es, en esencia, “Si no me creen, vayan y hablen con los testigos. Ahí están. Corroboren lo que les estoy diciendo.”
Los autores del Nuevo Testamento tuvieron la “osadía” de mencionar a personas conocidas por nombre, y hasta acusarlos de crucificar a Jesús públicamente. Y, no lo hicieron cientos de años después de que todos los testigos habían muerto, o en un lugar lejos de donde supuesta ocurrieron los hechos. Al contrario, el Nuevo Testamento fue escrito en el lugar (en y alrededor de Judea) y el tiempo (primer siglo) en donde sus alegaciones fácilmente podían ser corroboradas o refutadas. Cuando nos dicen, por ejemplo, que Poncio Pilato mandó a crucificar a Jesús públicamente, los autores están acusando a una figura pública de matar injustamente a un inocente, y están alegando que existen testigos. El problema con esto es que, de ser cierto, Pilato podía ser arrestado, destituido de su posición, y condenado a morir por violar la ley de Roma.
¿Realmente creemos que, si se comienza a regar una historia como esta, poniendo su vida en peligro, alguien como Poncio Pilato no va a intentar silenciar o refutarla? ¿Cómo se atrevieron, estos autores, a regar estas “mentiras” públicamente en las mismas calles y frente a las mismas personas que podían refutarles? Si solo estaban mintiendo, esto no tendría ningún sentido. Sin embargo, si realmente Jesús existió, y realmente ocurrieron estos eventos, sí tendría sentido el por qué esta historia originó en el mismo lugar y tiempo en donde los testigos seguían vivos.
Sencillamente, la razón por la cual esta historia se originó allí es porque allí es que ocurrieron los hechos. Y, la razón por la cual los autores tuvieron la osadía de regar esta historia en ese lugar y momento es porque sabían que lo que estaban diciendo era verdad. No tenían miedo de que alguien los refutara porque sabían que nadie los podía refutar. Esto es una de las mayores evidencias de que lo que estamos leyendo en los evangelios sobre Jesús es verdad. De lo contrario, esta historia hubiera sido escrita cientos de años después, en otro lugar, o hubiera sido refutada al instante. Nada de esto ocurrió, lo cual nos reafirma su verdad.
Razón #4: La Firmeza de los Primeros Discípulos
Esto es un punto que no podemos ignorar: los primeros discípulos no crearon una historia fantasiosa por diversión; crearon una historia que les costó la vida. Y, no solo esto, sino que ellos sabían que les costaría la vida. Sin embargo, persistieron en esta historia, aún en medio de la persecución, arrestos, latigazos, y muerte. Alguien podría dar su vida por algo que resulta ser falso. Pero, nadie daría su vida por algo que saben que es falso.
Los primeros discípulos alegaron haber visto a Jesús resucitado, y dieron sus vidas por regar esta historia. Aun en medio de la persecución, cada uno de ellos persistieron en contar esta historia hasta que se regó por el mundo entero. No cabe duda alguna de que ellos creían lo que estaban contando. Pero, si Jesús ni tan siquiera existió (recordemos que ese es el tema de este escrito), ¿Qué pudieron haber visto que los convenciera de tal historia a tal punto de dar sus vidas por ella? Si Pablo, por ejemplo, siendo un perseguidor de cristianos, nunca vio a Jesús resucitado realmente (su encuentro de camino a Damasco), ¿Por qué, de un día para otro, dejó todo lo que tenía y era para dedicar su vida al evangelio? ¿Por qué persistió en esta historia, aun siendo perseguido, arrestado, y eventualmente asesinado? Sencillamente, no tendría ningún sentido.
Recordemos que estos discípulos no solo estaban alegando que un tal Jesús murió y resucitó, sino que estaban alegando haber vivido y andado con Él durante años. Alegan que Jesús tuvo un ministerio público, que muchos lo vieron, que muchos fueron sanados por Él, que predicó a miles de personas, que fue arrestado, enjuiciado, y crucificado públicamente por una figura muy conocida. Nos mencionan a estas personas por nombre (los fariseos, saduceos, Pilato, Herodes, César, Cirenio, José de Arimatea, etc.), sabiendo que esto les costaría la vida. ¿Qué sentido tendría que hicieron todo esto por un hombre que ni tan siquiera existió?
La perseverancia de los discípulos en medio de la persecución claramente nos demuestra, como mínimo, que ellos creían que Jesús era real. Como mínimo, tenemos que admitir que toda esta persecución, y la firmeza de los discípulos en medio de ella, es evidencia de que este tal Jesús vivió, y que logró convencer a muchos en Su tiempo.
Razón #5: Su Impacto Mundial
Existen otras razones para creer en Jesús, pero terminaré con esta. El cristianismo es la religión más grande del mundo. Existe un antes y un después de Jesús. Miles de personas dieron sus vidas por Jesús. Millones han sido transformadas por Jesús. Jesús ha impactado naciones, culturas, personas individuales, el arte, la música, la educación, la medicina, la religión, etc. En fin, el mundo en el cual vivimos, hoy, es lo que es en gran parte por la existencia de un tal Jesús de Nazaret. Seas un creyente o no, este impacto es indiscutible.
Sin embargo, algunos quieren alegar que nunca existió. O, que, si existió, no resucitó. Pero, si eso fuera cierto, lo que estaríamos diciendo es una persona que nunca existió, y un evento que nunca ocurrió, cambió al mundo para siempre. Eso es algo absurdo. Aún si decimos que no podemos saber si la historia entera de Jesús es real o no, como mínimo tenemos que admitir que algo ocurrió. Alguien llamado Jesús sí existió porque, de lo contrario, no estaría aquí, en este momento, escribiendo sobre Él.
No estamos hablando de un movimiento aislado que muere después de un tiempo. Estamos hablando de un impacto global a un nivel sin precedente. No es posible explicar este gran impacto si negamos la existencia de Jesús. Por otro lado, si la historia que leemos en los evangelios sobre Jesús es verdad; si realmente este hombre nació, hizo milagros, murió y resucitó, el impacto que estamos viendo es exactamente lo que esperaríamos. El calendario literalmente se divide en base de Su nacimiento (antes y después de Cristo), aunque algunos hoy día están intentando dejar de usar esas palabras (usan C.E. y B.C.E para evitar decir “Cristo”).
Si Jesús nunca existió, quiere decir que es la única figura en la historia que, sin existir, logró cambiar al mundo. Cuando hablamos de figuras del pasado, usualmente sabemos si son reales o no. Augusto César fue una persona real. Zeus no. Jesús, sin embargo, sería la única persona en la historia que la mayoría de las personas en el mundo creen que existió, y que tuvo un impacto global, pero que en realidad no existió. Esto es algo sin sentido.
En fin, el impacto que Jesús tuvo, y el hecho de que aún estamos hablando sobre Él miles de años después de Su muerte, es una de las mayores evidencias de que Jesús realmente existió.
Conclusión
¡Ha nacido el Mesías! Celebremos esta navidad, confiando plenamente en esta verdad. Dios los bendiga.




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